Los veganos quizá no consumen suficiente B12, pero los que no lo son tampoco.

Esto no es una señal de alarma, es una mirada objetiva a la cadena alimenticia que nos mantiene con vida.

No hay muchas probabilidades de que ningún tipo de alimentación contenga vitamina B12 si no procede de una tierra sana.

De la tierra los vegetales absorben los nutrientes. 

De la tierra los animales herbívoros arrancan la hierba y con ella arrastran partículas de tierra que mastican. Después los carnívoros se alimentan de los herbívoros a través de los cuales obtienen estos nutrientes.

En el agua los peces comen otros peces pero a la vez se alimentan de algas y de plancton.

Cuando los animales pastaban a sus anchas, las gallinas picoteaban en el suelo en busca de gusanos, los peces vivían fuera de las piscifactorías y los vegetales no se tenían que lavar para eliminar compuestos químicos, la cadena alimenticia, que empezaba en el suelo, seguía su curso.

Y antes de que el agua de manantial se convirtiera en potable -fluorada, clorada y otros- y esto eliminará la flora bacteriana, se podía obtener la cantidad necesaria de B12 solo bebiendo agua.

Los químicos que se esparcen en el suelo y los antibióticos que ingieren los animales, incluidos los peces en las piscifactorías, matan las bacterias e insectos que permiten sintetizar en el estómago la vitamina B12.

La industria alimenticia ha de sustituir este déficit añadiendo artificialmente B12 a la alimentación animal e indirectamente a la humana. 

Y es que sin las bacterias que viajan con los restos de tierra que queda pegada a los vegetales y a las plantas, ni los animales ni los humanos podemos sintetizar vitamina B12.

Por esto es imposible pensar que obtenemos está vitamina a través de animales que viven encerrados y se alimentan de piensos, sin poder buscar su alimentación por naturaleza propia. Y cuando tú, que eres  carnívoro, te alimentas de este tipo de herbívoros, tampoco la obtienes.

Por supuesto, pasa lo mismo con una alimentación vegana si está basada en unos vegetales que se cultivan en un invernadero o en una tierra cansada que solo se carga de “nutrientes añadidos» a través de las gomas de riego.

La tierra es un gran recipiente contenedor de nutrientes. Por eso, antiguamente alternaban los cultivos para evitar agotarla o le daban periodos de descanso. Ahora lo solucionamos con fertilizantes, sin darle tregua.

También hemos normalizado el tener que evaluar constantemente qué alimento contiene qué mineral, que vitamina o que proteína, lo que  lleva a la toma de suplementos por creer que nunca es suficiente, cuando es generalmente innecesario si se vive una vida con hábitos saludables -respirar aire puro, tomar el sol…- y con una alimentación de calidad y variada.

Está sincronía entre alimentación y estilo de vida nos permite obtener lo que necesitamos, ya que cualquier estómago sano es capaz de sintetizar vitamina B12 si se alimenta de modo adecuado a través de los productos obtenidos de una tierra que descansa.

Con mis mejores deseos.


Por la boca vive el pez

Desde la calle miraba los cristales de aquellas enormes y selladas ventanas. Parecían una gran pecera y sus habitantes pequeños peces de colores que con sus camisetas llamativas corrían sobre las cintas de unas máquinas estáticas en un ambiente artificial y cerrado.

Sus habitantes con los cascos puestos, ya a primera hora de la mañana, llenaban sus cabezas de imágenes y sonidos que salían sin pausa de una pantalla de televisión que colgada en la pared presidía la sala.

Eran las 07:00. El sol aún flojo impedía a los árboles extenderse en sus sombras. El tráfico  todavía no absorbía el aire de la mañana. Y aún no apetecía pensar en nada. 

Hábitos saludables

Sin embargo, el objetivo centrado en el esfuerzo muscular  -muy valorado a nivel de imagen-, y cardiovascular -muy valorado a nivel de salud por la creencia de que llevar al corazón al límite lo es todo- impedía a la gente detenerse a valorar la calidad del aire que se inhalaba en aquel circuito cerrado. 

Sí ya vivimos encerrados en oficinas, en pisos tan altos que desafían la ley de la gravedad, en largos viajes transoceánicos, en centros comerciales … ¿Por qué motivo negar también a nuestros pulmones el aire puro mientras están sometidos a un esfuerzo?

La realidad es esta: los músculos consumen el oxígeno que les llega con la sangre. Cuando más oxigenada está la sangre mayor rendimiento, pero, el rendimiento disminuye cuando el corazón deja de bombear sangre oxigenada. 

Cuando hacemos ejercicio aumenta el metabolismo y por eso hay mayor demanda de oxígeno. Oxígeno de verdad, natural y puro,  no del que viaja por un circuito cerrado.

Y la buena noticia es que respirar aire puro aún es gratis, y que va cargado de prana -para el Yoga es energía vital que no es oxígeno ni es hidrógeno, que está en el aire y no es aire y que es absolutamente necesario para nuestra salud física y mental-  imposible de recrear artificialmente.

Hacer ejercicio es apartarse del ruido. Es el momento de desintoxicarse  de los pensamientos. Es  el momento de abrir un diálogo entre el cuerpo y la mente para que todo funcione correctamente, como una orquesta en la que los músicos se mueven bajo la dirección del maestro – cerebro-.  Es el momento en el que el aire penetra en el lugar más recóndito del cuerpo humano. 

Nacemos con una respiración, morimos por falta de ella y entre lo uno y lo otro vivimos igual que respiramos -de ella depende al 85% nuestra calidad de vida-.

Con mis mejores deseos.