¿Qué sabemos sobre meditación?

Confundimos la actitud con la personalidad y tal como actuamos nos definimos. La actitud está condicionada por la influencia de todo lo que tenemos alrededor, la personalidad hay que descubrirla en nuestro interior.

Meditar es sentarse en silencio

Meditar es iniciar una relación íntima con uno mismo para desarrollar una base estable frente a una realidad cambiante. En ese punto, donde somos capaces de pensar, decir y sentir lo mismo, podemos descubrir quien somos.

Cada persona es un mundo por lo tanto los cambios también lo son, pero en reglas generales podemos decir que:

La capacidad de tomar decisiones se libra del miedo a los resultados.

Se disuelve el ruido mental provocado por un flujo constante de pensamientos que, normalmente, van llenos de miedos, dudas, deseos… y nos alejan de la concentración. Solo satisfacen a la mente durante un instante, y una vez satisfecha necesita buscar otro nuevo para intentar llenar un pozo que no tiene fondo.

El pensamiento tiene peso, color, tamaño, es como un objeto. Nuestros pensamientos crean un mundo de placer o de dolor. La meditación nos lleva más allá del intelecto y los sentidos y nos permite una selección serena entre lo que vale y no vale la pena. 

El espacio entre pensamiento y pensamiento es cada vez mayor, y, en esos huecos, el estado de calma va creciendo con la práctica.

La meditación provoca cambios físicos en diversas zonas del cerebro, por lo que podría modificar la pérdida de espesor del tejido cerebral asociado con la edad. También reduce el estrés biológico que se produce a nivel molecular.

Las células no son otra cosa que la agrupación de átomos que se mantienen unidos por una acción energética cohesiva. Si esa energía disminuye los átomos se separan y aparecen los radicales libres. A esta energía los rishis la llamaron ojas -la goma de pegar del universo- que podemos mantener activa en la meditación profunda.

Extracto de la revista “Investigación y ciencia”, 2015; sobre el envejecimiento del sistema inmunitario: “ Cada célula tiene en los extremos de los cromosomas unas secuencias de ADN llamadas telómeros. Son sintetizados por la enzima telomerasa y son necesarios para que el ADN cromosómico se duplique. La mayoría de las células de nuestro cuerpo (células somáticas) no producen telomerasa, por lo que los telómeros se van acortando inevitablemente en cada división celular. LLega un momento en el que son tan cortos que ya no pueden realizar su función durante la duplicación cromosómica, de modo que la célula deja de dividirse y muere”.

La telomerasa es pues una enzima que regula la longevidad celular. Alarga los segmentos de ADN en los extremos de los cromosomas que se acortan cada vez que la célula se divide. Y cuando esa longitud disminuye tanto que llega a un punto crítico, la célula deja de dividirse y muere. La meditación aumenta la actividad de las telomerasas lo que ralentiza el proceso de su envejecimiento.

La meditación no es una técnica que abre atajos donde no los hay (las meditaciones guiadas no son más que un puente para reconducir  la mente hacia la concentración, no son una meditación propiamente dicha). Cuando meditas nada cambia a tu alrededor si es eso lo que esperas o pretendes. Pero, poder comprender y controlar la mente te libera de la confusión, del miedo a las decisiones, de estar condicionado por lo que te rodea, y te hace libre. El desafío es descubrir nuestro mundo interno para actuar con consciencia en el externo.

Con mis mejores deseos.


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